Ayrton Senna: Ocho años de tristeza...
La fatalidad no visitó el circuito el domingo 1° de mayo, día del terrible accidente del astro brasileño, sino que se alojó en el tradicional trazado desde el comienzo mismo de la actividad en pista, el viernes 29. El destino quiso que Rubens Barrichello, por entonces inexperto conductor de Jordan, no perdiera la vida, pero si que sufriera un importante accidente que le impidió disputar la carrera. La primera cara que vio “Rubinho” cuando despertó en el hospital del circuito fue la de Senna, que llorando miraba fijamente a su compatriota, como pidiendo que despierte.

Senna fue hasta el centro asistencial del trazado apenas se enteró del accidente de Barrichello, y al encontrar la puerta cerrada saltó el cerco para llegar hasta donde estaban atendiendo a su compatriota. La mayoría de los pilotos no se habían apersonado en el lugar, pero el tricampeón del mundo se estaba preocupando por la seguridad en las pistas desde hacía ya un tiempo, y creyó necesario estar con Barrichello. El piloto de Williams se sintió muy tocado por lo que le sucedió a su colega, y a la tarde intentó no tener contacto con mucha gente, y hasta suspendió algunos compromisos tomados anteriormente con periodistas.
El sábado no traía mayores novedades, Senna se mostraba como el más rápido al igual que el viernes y la actividad se desarrollaba de manera normal, hasta que la muerte visitó por primera vez el circuito “Enzo y Dino Ferrari” en aquella edición del Gran Premio de San Marino. Roland Ratzenberger, en su tercera presentación en la máxima categoría, se despistaba y estrellaba su Simtek contra un paredón, perdiendo la vida inmediatamente. Apenas Senna vio el incidente, se tomó su rostro, sabiendo que nada bueno había pasado. Minutos después se dirigió al lugar del hecho a bordo de un auto de la organización, pero al llegar solo estaba el auto, porque al piloto ya lo habían trasladado. Ayrton nunca creyó la versión oficial, que decía que a Ratzenberger lo habían sacado con vida de su auto. Él creía que la organización aseguraba eso para no tener que suspender la carrera del día domingo.

La muerte del piloto fue anunciada a las 2.15 de la tarde y para Senna el golpe fue muy fuerte. Su ánimo había cambiado a partir del accidente de Barrichello, pero esto fue diferente. Conmovido por la noticia, el brasileño se negó a presentarse en la conferencia de prensa, a la que debía concurrir por haber sido el poleman. En la reunión convocada a las 3 de la tarde por los organizadores de la prueba, su director, Juan Corsmit, ensayó una reprimenda para Senna, por haber tomado un auto oficial para llegar al lugar del hecho. Ayrton reaccionó pidiendo a gritos que en la reunión se traten temas referidos a la seguridad, y no un tema menor como el del vehículo tomado por él. Quienes lo conocían, como el médico de la F1 Sid Watkins, aseguran que Ayrton llegó a plantearse no correr al día siguiente.
El domingo comenzó temprano para Ayrton, se levantó alrededor de las 8.30 y se dirigió a la pista en helicóptero, fue el más rápido en las pruebas matinales y luego concurrió a la reunión de pilotos, en la que se hizo un minuto de silencio en homenaje a Roland Ratzenberger. Algunos allegados a él afirman haber visto actuar al piloto de manera inusual antes del GP. Inspeccionó el auto exhaustivamente antes de subirse y se dispuso a correr una nueva prueba, ignorando que sería la última.
A las dos en punto la carrera comenzaba y enseguida el auto de seguridad debía entrar en acción a causa del accidente entre el Lotus de Pedro Lamy y el McLaren de Jirk Jarvy Lehtho. Algunos minutos después la prueba se reanudaba y Senna marchaba primero, hasta que a las 14.17, hora local, su Williams se estrellaba contra un muro de cemento a la salida de la curva Tamburello. De allí en más todo fue vertiginoso, los auxiliares de pista lo retiraron del auto, los médicos le brindaron las primeras atenciones y el helicóptero lo trasladó hasta el hospital. Gerard Berger, compañero de Senna en McLaren y líder de la carrera luego del accidente, abandonó 11 vueltas después, e inmediatamente se dirigió hacia el hospital. A las 16.20 Michael Schumacher cruzó la meta como el ganador de la accidentada carrera y casi al mismo tiempo los informes médicos hablaban de la nula actividad cerebral de Ayrton, que solo se mantenía vivo por la asistencia que recibía de los elementos con los que contaba el centro médico.
El final, inevitable, llegó a las 18.20; los esfuerzos de los médicos no habían podido salvar la vida de, para muchos, el mejor corredor de todos lo tiempos, ni tampoco las oraciones de millones de fanáticos en todo el mundo. Su cuerpo fue llevado a su país natal y en su funeral, en San Pablo, millones de personas lloraron y se agolparon para darle el último adiós a quien esa temporada se esforzaba por darle a Brasil un nuevo título del mundo.
Cita de Autosmania.com
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