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Fórmula 1: ¿Y si ponemos el motor atrás?

El apellido Cooper significó mucho para la Fórmula 1. Y no sólo porque lograron dos campeonatos mundiales de pilotos y dos de constructores, ambos en 1959 y 1960. Sino porque impusieron la moda, mejor dicho una tendencia técnica moderna, de ubicar los motores en la parte trasera. Y no estaban errados estos dos británicos. Porque todos los copiarían...

Primero es válido hacer una aclaración. Los Cooper fueron los primeros autos de Fórmula 1 con motor trasero. Pero no los pioneros en el automovilismo mundial. Hubo otros casos, aunque escasos. Los más conocidos fueron el Benz Tropfenwagen hecho en 1923, el cual marcó una nueva era aerodinámica. Y, por supuesto, el Auto Union de 1930 diseñado por el doctor Ferdinand Porsche. Pero estos autos tenían un gran punto negativo: su manejo. Eran muy difíciles de llevar. Por eso, en 1938, el ingeniero Robert Eberan von Eberhorst impuso el el eje De Dion en reemplazo de los elásticos traseros. Así, los autos eran más dósiles. Pero la Segunda Guerra Mundial hizo que el automovilismo se apagara y la moda de usar el motor atrás se esfumara. En 1955 apareció el Bugatti 251 con un impulsor detrás. Pero ya para esos días, los Cooper habían metido la mano.

Si bien quien se hizo famoso fue John Cooper, su padre Charles fue quien inició la dinastía del apellido en el automovilismo. El británico hizo su primer auto de carrera en 1936. Estaba basado en un Austin Seven de Inglaterra. Pocos son los datos sobre cómo le fue en las competencias zonales en que compitió. El primer chasis famoso de Charles, quien sirvió para el Royal Air Force de Gran Bretaña en la Segunda Guerra, fue diseñado en 1946. Usó un motor de 500 cc de la marca de motocicletas Jap. El chasis estaba hecho sobre la base de un Fiat Topolino. En la temporada de 1948, el auto de Cooper arrasó en la Fórmula 500 de Inglaterra. El próximo paso era la Fórmula 1, pero tenían un grave problema por resolver.

El inconveniente venía de Italia. ¿Cómo podían hacer para vencer a los potentes motores italianos que impulsaban a los Alfa Romeo, las Maserati y las Ferrari? Era imposible. Por eso Charles y sí ahora John Cooper fueron los que comenzaron a tratar con especial atención todo lo referente al chasis y a las suspensiones, el punto flojo de las marcas de la Península. Sus estudios se centraron al comportamiento del auto en la pista y el movimiento de las ruedas en las curvas. En 1950 llegó el debut, con Henry O'Reilly Schell, un estadounidense de sangre, pero nacido en París, Francia. La competencia no fue para recordar, porque Schell se quedó en la primera curva, tras participar en una colisión de varios autos. Cooper tendría que esperar hasta 1952 para retornar a la Fórmula 1 y, ahora sí, estar cerca de la punta, aunque fuera con un auto de la F-2. Cabe recordar que desde ese año se cambió la reglamentación y ambas categorías corrían juntas.

El Cooper T20 que usó Mike Hawthorn para quedar cuarto en el campeonato de 1952, sumando diez puntos (quedó a 26 del campeón, la Ferrari de Alberto Ascari), estaba construido sobre largueros tipo cajón y la distancia entre ejes llegaba a apenas 229 centímetros. Era chiquito de verdad. Las trochas tenían 126 centímetros y la altura a 965 milímetros. Así, la resistencia al aire sería ínfima. El sistema de dirección adoptaba el sistema de cremallera y piñón. La principal novedad la mostraban sus ruedas. Los neumáticos habían dejado de lado los rayos de alambre, tan peligrosos para la época, para usar llantas de aleación, algo revolucionario para la época.

Para motorizarlo optaron por un impulsor Bristol de seis cilindros. Este motor lo producía la Bristol Aeroplane Company, que usaba componentes del BMW 328 de la época para armar la planta motriz. La cilindrada era de 1939 cc, alimentado por tres carburadores Solex y una bomba de nafta AC, que recibía combustible del tanque con capacidad para 110 litros. Eso hizo que el chasis pesara apenas 470 kilos, un logro para esos años. La Ferrari campeona llegaba a los 560 kilos y el Connaught, 550.

Las temporadas de 1959 y 1960 fueron las estrellas para Cooper. Con el motor Climax, Jack Brabham atrapó los dos campeonatos para la firma inglesa. Ganó dos carreras en el primer año y cinco (en forma consecutiva) en el segundo. La marca había entrado en la historia como la primera en festejar un título con un motor trasero. En total, Cooper participó en 129 Grandes Premios, de los cuales ganó 16. En 11 obtuvo la pole position y en 14, el récord de vuelta.

John Cooper decidió, en 1965, vender su fábrica al Chipstead Motor Group. Ya su padre era anciano y la producción del Mini Cooper, uno de los autos de calles más exitosos de la historia mundial, era furor. Las carreras quedaron en segundo plano. El domingo 24 de diciembre del 2000, en la ciudad de Worthing, John Cooper fue encontrado muerto en su casa por miembros de su familia. Tenía 77 años. Con él se fue parte de la historia de la Fórmula 1. Y varias revolucionarias ideas...

Cita de Autosmania.com

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