Infiniti: Q45: Un juguete para la gente de poder.
Éste es el caso del Infiniti Q45, un coche para pocos, que no por estar pensado para el pasajero del asiento de atrás, significa que el chofer se la pase mal al mando de uno de ellos.
Ya pocos ignoran que Infiniti es la división de autos de lujo de Nissan. Creada inicialmente sólo para la región de Norteamérica, pasó a ser global hace pocos días, por decisión del Presidente de Nissan mundial, Carlos Goshn. En México, el Q45 es el único auto que se vende de esta división, que pasa por un proceso de reforma, precisamente para tener el alcance global que determinó Goshn. Los japoneses crearon marcas de lujo para con esto lograr una mayor penetración en Estados Unidos. Como se trata de una mercado muy orientado hacia el status y la exclusividad, era difícil vender coches de alto nivel bajo las marcas Toyota, Honda y Nissan. Por ello llegaron marcas como Infiniti, para competir directamente con nombres de mayor abolengo en el universo de los coches, como Mercedes-Benz o BMW. Todo fue y es, una cuestión de nombres, porque el producto, como pudimos ver en esta prueba, es equivalente a los mejores europeos.
El Q45 es el tope de la gama Infiniti y la versión Premium, como la probada, la más equipada entre estos. El coche compite contra los grandes alemanes como la Serie 7 de BMW; el Clase S de Mercedes-Benz y el A8 de Audi. También es rival del inglés XJ, de Jaguar y de los americanos Cadillac Deville y Lincoln Town Car. Su construcción es sólida y su manejo sorprendentemente ágil para un sedán de sus dimensiones (5,070 metros de largo) y peso (2,320 kilogramos). Mucho se debe al excelente motor V8 de 4.5 litros y 340 caballos de fuerza que lo mueve, ayudado por una también competente transmisión automática de cinco velocidades, con sistema de cambios secuencial. Como ya es costumbre en Nissan, el motor tiene un diseño que favorece el torque en un régimen muy bajo de revoluciones. Esto lo transforma en una máquina muy “taquillera”, es decir, a la gente le gusta sentir el arranque inmediato, aunque a la hora de la potencia final, las casi dos y media toneladas del auto lo hagan un punto más lento que la mayoría de sus rivales. Sin embargo, los 8.2 segundos que tarda para llegar a los 100 km/h en la altitud de Guadalajara, de 1,560 metros sobre el nivel medio del mar, lo ponen por arriba de algunos autos de talante deportivo, como el Renault Clio Sport, por ejemplo, que pesa casi un tercio de la masa del Q45.
Otro punto sobresaliente del buque insignia de Infiniti es la suspensión. Adelante, se trata de un pseudo McPherson y atrás de un esquema Multilink. Ambos funcionan con una gran precisión y en la parte izquierda del tablero, se puede ajustar la rigidez con que trabaja, poniendo la suavidad habitual de su funcionamiento en un plano secundario, ante la presencia de la deportividad. Sin embargo, en ningún momento el Infiniti es incómodo o duro, ni siquiera cuando ajustado al modo “sport”. La dirección es también precisa y sabe ajustarse a la velocidad, poniéndose más o menos resistente a los giros de acuerdo con la presión sobre el pedal del gas. De alguna manera, este coche se acerca más a los europeos que a los americanos, con la excepción de los frenos, que sin llegar a la ineficacia que muestran algunos modelos fabricados en el vecino país del norte, sí tienen un tacto “esponjoso”, es decir, están orientados de manera tal que en los frenados cortos y a baja velocidad, como en los semáforos, la carrocería no se mueva tanto. Pese a esto, el Q45 se detiene desde los 100 km/h en 40 metros. Nada mal, pues.
Claro, habrán percibido todos que hasta ahora he hablado más de la conducción de un auto que, según yo mismo, está hecho más para los pasajeros. Perdón, es una mezcla de fuerza de la costumbre con gusto personal. Pero no se me pasará decir que, estar en el asiento trasero de un Infiniti Q45 Premium es andar en Business Class. El espacio, para empezar, es generoso. Curiosamente, no pisa el terreno de la abundancia como lo hace, digamos, el Nissan Maxima, pero es más que suficiente para cualquier mortal a la excepción, tal vez, de algunas estrellas de la NBA. Si viajan tres adultos ahí, estarán bien, pero no podrán utilizar lo mejor que tiene para dar el Q45, que está puesto precisamente en la consola central plegable, traducido en un par de mundanos portavasos y tres maravillosos juguetes: botones para la reclinación y calefacción de los asientos y los comando del aire acondicionado individual y del sistema de sonido. Como se ve, quien manda en este coche, se sienta atrás y se limitará a dar órdenes del tipo: “James, conduzca un poco más rápido, por favor”.
Que “James” no sienta envidia ni crea que fue olvidado. Para él también hay un par de juguetes interesantes como el comando de voz, que después de presionar un botón en el volante, permite que se le indique al coche que cambie de radio a CD o que la temperatura se ajuste según sea la voluntad del amo de la voz. Personalmente, prefiero presionar un botón para cambiar de estación que pasar el ridículo gritando al coche: “select ninety five point five fm”. Pero habrá el que disfrute sentirse en una película de ficción científica. Lo que sí es maravilloso es la cámara que, instalada en la defensa trasera del auto, muestra al conductor, en el momento en que éste selecciona la reversa, el panorama detrás del vehículo. Después de esto, dudo que alguien vuelva a chocar con el coche de atrás en una maniobra, pero no estaría mal pedir que, por las dudas, además de la cámara hubiera un sonido de alarma de proximidad.
Como pueden ver, el Infiniti Q45 es un coche hecho para la gente habituada al poder, gente que en el momento de hacer un cheque por los 805 mil pesos que cuesta el auto, sepa que más que comprar un coche caro, está ahorrando la diferencia de precio entre este excelente japonés y algunos europeos más snobs. Yo, sin embargo, me la pasé muy bien jugando el papel de “James”, aunque fuera sólo por una semana.
Fuente: Sergio Oliveira/Autos.com.mx
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