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Ford Focus: C-Max 1.6 TDCi Trend: Mucho camino por recorrer.

Análisis:

El Ford Focus C-Max es el monovolumen compacto de la marca del óvalo, con la misma disposición de asientos que el Renault Scenic, el pionero del segmento en Europa, es decir, 5 plazas con tres asientos traseros individuales con disposición 40/20/40 frente a otras opciones como el Fiat Multipla con 3+3 o el Opel Zafira con 2+3+2.

Vista 3/4 trasera del Ford Focus C-MAX

Los asientos traseros son abatibles y desmontables, y los laterales, con 45 cm de anchura se pueden desplazar con suma facilidad hacia el centro mejorando significativamente el confort de los ocupantes. En cambio, el asiento central es algo estrecho, con sólo 37 cm de anchura. El maletero tiene una forma muy aprovechable, con un portón con una amplia apertura y un umbral de carga bajo que hace escalón con el piso del maletero.

El auténtico problema del Ford Focus C-Max aflora en cuanto transformamos la trasera: para abatir el respaldo hay que usar las dos manos y para abatir el asiento hacia delante hay que accionar una dura palanca en la trasera del asiento y abajo del todo, por debajo del asa que sirve para transportarlo. Después hay que asegurarlo con un pulpo al reposacabezas delantero, operación que requiere fuerza y destreza y cuidado para que el asiento no se nos escape y caiga a plomo. Este sistema de sujeción tiene sus inconvenientes y riesgos, hasta el extremo de que Ford advierte en el manual de uso del riesgo de lesiones al abatir los asientos hacia abajo, pues nos puede aplastar un pie o una mano.

Otro inconveniente es que el asiento se desplaza hacia delante en las frenadas, apoyando contra el respaldo de los asientos delanteros, que hacen de tope y contra los que se desplazará la carga en caso de frenazo brusco o colisión frontal. Desmontarlos es otra operación kafkiana, pues hay que hacerlo con el asiento inclinado parcialmente, sujetándolo a pulso y liberando a ciegas unas palancas poco accesibles. Completa este panorama trasero bastante desolador el hecho de que no lleve red de separación del maletero, que la bandeja del maletero tiene un aspecto muy pobre y es de una endeblez manifiesta y que la rueda de repuesto es de emergencia, además de que en nuestra unidad de pruebas estaba usada, y bastante.

La parte positiva es que los asientos laterales se pueden desplazar hacia el centro, solventando el problema de la falta de espacio para la cabeza por la forma acampanada de la carrocería. Para ello, no hay más que levantar el asiento central hacia atrás (con una sola mano y sin esfuerzo), dejando un hueco que permite centrar los asientos 6 centímetros al tiempo que retroceden 10 cm, quedando dos magníficas plazas. Como no podía ser menos, esta operación tampoco está exenta de riesgos, pues nos podemos aprisionar el brazo en el hueco que queda entre los asientos laterales y el central. Además, el pasajero del asiento izquierdo, si es alto, golpeará con la cabeza contra el cinturón de seguridad alojado en el techo. Lo dicho, esta trasera es una pena y necesita una remodelación urgente.

Pasar de atrás a delante no es cómodo, pues molesta el cómodo reposabrazos del asiento del conductor y no hay mucho espacio entre los asientos, y como curiosidad diremos que se puede acceder al asiento trasero con bastante facilidad por la puerta delantera, con espacio suficiente entre el pilar central y el asiento delantero.

El acceso por la puerta trasera es bueno por el hueco de la puerta y menos por el espacio para los pies, con unos asientos que quedan a buena altura y de mullido muy firme, cosa que se agradece en viajes. El espacio al techo es algo justo para lo habitual en un monovolumen y curiosamente la plaza central gana un centímetro al techo, resultando más espaciosa que las laterales, en contra de lo que habitual en la inmensa mayoría de los coches.

Delante el panorama es mejor, en línea con el esperado en un monovolumen, con una posición de conducción alta y muy sentados y con magnífica visibilidad solo entorpecida en curvas a izquierdas por el grueso pilar delantero, y una enorme sensación de amplitud, con el parabrisas muy adelantado y la palanca del cambio en la consola central, muy cerca del volante. El asiento es cómodo y recoge bien el cuerpo, hay espacio para las rodillas bajo la columna de la dirección y los pedales son de manejo muy suave pero nos volvemos a encontrar el problema del pedal del freno ya detectado en el Volvo S40 y V50, y es que el eje está mal colocado y la puntera del pie apoya sobre él cuando lo pisamos. El reposapiés es perfecto, y se consigue una muy buena posición de conducción.

El acabado es bueno en general, con detalles que desentonan, como el guarnecido del techo, descolgado delante y de calidad mejorable, o la bandeja trasera, como ya hemos comentado.

Pincha aquí para ver el crash-test de Euro NCAP:

Prueba dinámica:

El motor es el 1.6 TDCi de 109 CV desarrollado conjuntamente con el Grupo PSA Peugeot-Citroën. Es un motor al que le faltan bajos, con una respuesta del turbo algo tardía, pues no se anima hasta 1.750 rpm y el soplado máximo lo alcanza a 2.000 rpm, lo que unido a un desarrollo en 5ª ligeramente largo obliga a recurrir con frecuencia al cambio para contar con la respuesta adecuada.

No es un motor que suene bien en este C-Max, ni resulta idóneo para callejear o para constantes cambios de régimen. Entre 2.300 y 2.500 tiene una molesta resonancia que afecta al confort acústico y la mejor zona está entre 3.000 rpm y 4.250 rpm, con un sonido bastante fino, buen tacto y agrado de uso. Desde ahí y hasta las 5.100 rpm, con un corte totalmente suave y dulce de la inyección, el ruido sube bastante y sobre todo empeora de calidad.

Como colofón a todo lo dicho, basta decir que por el sonido sabemos a qué régimen de motor circulamos, sin necesidad de mirar el cuentavueltas. No supera la subida a nuestro habitual puerto de montaña en 5ª. Los consumos son buenos, con 6,8 litros a los 100 en el recorrido mixto.

Del comportamiento sólo tenemos que decir que no nos ha gustado, al igual que el del Mazda 3, su primo hermano. Va muy suave de suspensión, con una molesta tendencia a cabecear en los cambios de ritmo, a cambio de un filtrado, una capacidad de bacheo y un confort de suspensión de primer orden, que se estropea algo en mal firme por las oscilaciones de la carrocería.

Vista 3/4 delantera del Ford Focus C-MAX

Volviendo al comportamiento, diremos que inclina mucho en curva y que sin control de estabilidad ni tan siquiera un misérrimo control de tracción el C-Max hace aguas en curva en cuanto avivamos el ritmo: subvira en tracción enseguida y si cortamos gas en pleno apoyo nos regala con un sobreviraje sólo apto para pilotos expertos en estas lides. Es el vivo calco del Mazda 3, sólo que mucho más progresivo porque va mucho más blando de suspensión. En cambio, en retención gana agilidad, ayudado por ese eje trasero, siempre presente, ayudando en exceso a girar. En resumidas, cuentas, un coche que no es fácil de llevar en curva y que perdona mal los errores o las maniobras de emergencia.

Los frenos sufren en parte las consecuencias de esta blandura de suspensión y de la inclinación excesiva en curva, con mucha transferencia de peso, pues en frenadas suaves descompensa el apoyo de la trasera al tiempo que carga peso delante y cierra la trayectoria. En frenadas de emergencia el ABS toma el mando y evita este problema y en recta frena muy estable, con muy buena resistencia al calentamiento y un excelente tacto de pedal.

Completa el panorama mecánico una dirección muy ligera, demasiado para nuestro gusto que no deja sentir bien las reacciones del coche y que cuando se presentan las pérdidas de motricidad en curva transmite un molesto tironeo al volante. La transmisión cumple en cuanto a amortiguación torsional y suavidad y progresividad del embrague, pero falla por la caja de cambios, con una palanca algo ruidosa, que en cambios rápidos pierde tacto, que enganchaba a veces la inserción de la 2ª y que requiere marcar muy bien el pasillo de 2 a 3ª para no fallar el cambio.

El Ford Focus C-Max es un magnífico... proyecto de coche. La línea es preciosa y la calidad de rodadura es excelente pero hace falta rediseñar la trasera y como mínimo incorporar de serie el control de estabilidad para facilitar la conducción y poder disfrutar toda la familia de este C-Max, que se lo merece.

Fuente: http://www.cochenet.com/

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