La dirección : La dirección
El conductor está ligado al coche a través del volante, lo que le hace especialmente permeable a las sensaciones que le transmite la dirección, puede no saber cuál es la causa pero nota que algo no marcha como es debido. Los defectos en la dirección suelen estar producidos por un entretenimiento inadecuado de la misma. Una vez al año se debería efectuar una revisión completa de los elementos que inciden en la dirección (incluyendo suspensiones y frenos). Es frecuente que la dirección de nuestros coches clásicos se encuentre en condiciones deficientes y con defectos. Es aconsejable que el aficionado tenga conocimientos básicos que le permitan evaluar el estado de la dirección de su clásico. El problema físico que conlleva el girar un móvil que se desplaza sobre cuatro ruedas en una curva a gran velocidad, conlleva un cálculo muy complejo que no es genérico, sino que debe hacerse sobre un vehículo de dimensiones y peso determinados y sus resultados varían en cada caso. Por eso es fundamental conocer los datos que el fabricante facilita sobre las medidas y ajustes apropiados para la dirección de nuestro coche y que suelen estar reflejados en los manuales de taller o libros de usuario. Cuatro son las cotas que debemos conocer para ajustar correctamente la dirección: la salida, el avance, la convergencia y la caída, vienen dadas por la orientación del pivote sobre el que se mueve cada una de las ruedas. El ángulo de salida contribuye a que la dirección vuelva por sí sola al punto central sin necesitar la intervención del conducto, esto se consigue fijando el pivote inclinado hacia un lateral (con la parte inferior hacia afuera). Esta medida suele ser fija (no admite regulación), pero puede alterarse si el eje o los trapecios están torcidos a causa de algún golpe o existen holgaduras. El ángulo de avance evita que la dirección sea demasiado sensible (errática e imprecisa), se consigue orientando el pivote de la dirección, la orientación puede ser según los casos positiva (la parte de abajo del pivote apunta hacia delante) o negativa. Esta cota admite regulación, se puede incluso invertir haciendo la dirección muy peligrosa, es una de las medidas que debemos comprobar cuando realizamos un paralelo. La caída se debe a que las manguetas (eje sobre el que gira loca la rueda por medio de rodamientos) no son horizontales respecto al suelo sino que forman un ángulo hacia abajo con el fin de que las ruedas trabajen contra el eje. Esta medida también debe verificarse cuando hagamos algún reglaje, se suele ajustar por medio de un sistema de excéntricas. La convergencia, es la regulación más conocida que afecta al paralelismo entre las ruedas. Generalmente las ruedas se cierran por delante para compensar la tendencia a la apertura que imprime la marcha, pero no siempre es así (si las ruedas son motrices se invierte esta tendencia). Para conseguir la regulación se actúa sobre los brazos de mando de la dirección. Una regulación cuidadosa de la geometría de la dirección debería efectuarse una vez al año, ya que las medidas pueden alterarse por el uso, los roces con los bordillos en las maniobras de aparcamiento y las holguras. Cuando existen holguras, torceduras u otras averías es imposible efectuar el ajuste de la dirección sin subsanar antes estos defectos.
Alteraciones en la sensación al volante o un desgaste anómalo de las ruedas directrices también son pistas que pueden avisarnos de la necesidad urgente de la revisión y el reglaje. Otro factor que puede parecernos irrelevante y que sin embargo tiene una influencia decisiva en el funcionamiento correcto de la dirección es el buen estado de los neumáticos. Unas ruedas desgastadas de forma irregular pueden desviar la dirección o generar vibraciones. Ruidos extraños y vibraciones al volante pueden tener su origen en una llanta mal apretada o pernos de anclaje defectuosos. Aunque el defecto más frecuente y fácil de corregir es una presión demasiado baja en los neumáticos que harán más dura la dirección al ser mayor la zona de contacto con la carretera, si están desigualmente inflados notaremos que el coche tira hacia el lado más bajo. Otro mecanismo que requiere nuestra atención periódica es la caja de la dirección. Se han ensayado muchas soluciones diferentes, pero básicamente consiste en un tornillo de rosca ancha solidario con la columna de la dirección que gira sobre rodamientos y que acciona un sector dentado unido con la bieleta de movimiento transversal a la que por distintos medios se sujetan las ruedas. Debemos atender el correcto engrase de las cajas de dirección mecánica, si no lo hacemos así, la dirección se hará dura y se desgastarán los rodamientos de apoyo de los engranajes. El desgaste en la espiral del tornillo o en el sector ocasiona holgura fácil de distinguir. Para ello una segunda persona deberá accionar lentamente el volante a un lado y a otro tratando de apreciar la zona muerta (el ángulo en que no hay agarre), esta observación se completa examinando los movimientos de la bieleta a la salida de la caja, el ángulo de movimiento del volante sin que la bieleta sufra alteración es la holgura de la caja. Esta holgura no debe exceder de tres centímetros de movimiento (necesarios para la elasticidad de la dirección) en el aro del volante, si es mayor puede ajustarse con los tornillos de reglaje que suelen encontrarse en el cárter de la caja (ya que la rosca es cónica y puede aproximarse), esta corrección tiene un límite traspasado el cual es imposible el ajuste. Otro defecto más grave consiste en el desgaste de los casquillos sobre los que acciona el eje del sector dentado (esta avería se produce por la falta de engrase y el uso excesivo de la dirección en parado), cuando esto ocurre hay que desmontar la caja para encasquillarla. El estado de la suspensión también influye de forma decisiva en la dirección. Si los muelles o ballestas delanteros están vencidos la dirección se hará pesada e imprecisa con tendencia a hacer extraños en los baches y curvas. Un amortiguador en mal estado puede hacer que el coche tenga tendencia a desviarse de su trayectoria o dificultar el viraje en las curvas. Lo mismo puede ocurrir si uno de los muelles traseros está vencido. En los coches de suspensión delantera independiente, la holgura en los ejes que sujetan los trapecios al bastidor (sobre los cuales oscila la dirección) puede alterar el ángulo de caída, haciendo que la dirección se haga vagabunda, para evitar que se produzca esta holgura es importante engrasar los ejes de la suspensión con grasa de grafito por lo menos dos veces al año en los coches que lo precisan. Los pivotes de dirección pueden responder a muy diversas facturas, pero básicamente están constituidos por un cilindro solidario con el plato sobre el que se montan los frenos y con la mangueta sobre la que gira la rueda. En el interior del cilindro se aloja un eje sujeto por su parte inferior y superior a los dos trapecios entre los que trabaja el muelle de suspensión, o a un eje rígido en las suspensiones más primitivas. La corrección de estas holguras es una reparación costosa ya que habrá que encasquillar los pivotes y en no pocos casos sustituir los ejes que suelen ser piezas caras y difíciles de encontrar. Para comprobar la holgura de los pivotes un ayudante mueve al volante con rapidez a un lado y a otro mientras el mecánico trata de apreciar los movimientos falsos y golpeteos que ocasionan las holguras (con la rueda apoyada en el suelo). El reenvío de la dirección es un pivote que se sujeta al bastidor del coche en el lado opuesto a la caja de la dirección y que transmite el movimiento a la otra rueda. Esta disposición es la más frecuente en los coches con suspensión independiente ya que no es posible montar una única barra desde la caja de la dirección. Este eje también necesita engrase frecuente y su deterioro suele apreciarse por la tendencia del coche a desviarse de su trayectoria y un fuerte golpeteo cuando se acciona la dirección en parado. A menudo este eje es cónico y admite regulación. Las rótulas y brazos de dirección son los encargados de transmitir los movimientos desde los órganos de mando a las ruedas. Las rótulas son necesarias para que las oscilaciones de la suspensión no afecten al buen funcionamiento de la dirección. En algunos casos llevan engrasadores, en otros están selladas y protegidas por guardapolvos de goma herméticos, cuando estos se rompen es necesario sustituirlos.
Los brazos de dirección tienen mucha importancia para la regulación de la convergencia de las ruedas, pueden doblarse a causa de un golpe en los bajos falseando de este modo las costas de la dirección. Los rodamientos de las manguetas, sobre los que giran locas las ruedas también pueden adquirir desgaste con el uso. Si se trata de rodamientos cónicos pueden aproximarse actuando sobre la tuerca de la mangueta cuidando siempre que el apriete no resulte excesivo. Si los rodamientos son planos y están desgastados deben sustituirse. Notaremos un rodamiento en mal estado por el ruido que emite al rodar, especialmente cuando nos apoyamos sobre el lado del coche donde falla el rodamiento. Finalmente, los frenos tienen también su incidencia sobre la dirección. Unas zapatas engrasadas o con exceso de ajuste en una de las ruedas directrices pueden ser las responsables de que el coche tire hacia un lado o el buje se caliente destruyendo los rodamientos, la mangueta u otros mecanismos. Si la desviación se produce cuando accionamos los frenos es señal de que una de las ruedas frena más que la otra, defecto muy peligro. Hay que revisar el estado de los bombines, las zapatas, los latiguillos, las pinzas de freno y las pastillas.

Fuente:
elgarage.com
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