Restauración : Restauración completa
Es conveniente dejarse aconsejar por un profesional que tenga la experiencia suficiente para evaluar qué vehículo necesita ser reparado (aunque las reparaciones puedan ser de envergadura) y cuál necesita una restauración completa. Si nos decantamos por la última, es importante analizar los costes que tendremos, en tiempo y en dinero. Nos encontramos con frecuencia restauradores que cuantifican esta primera evaluación y luego la duplican, e incluso triplican, ya que la experiencia demuestra que los resultados exceden notablemente, en la mayoría de los casos, de lo inicialmente previsto. Es siempre aconsejable huir de consideraciones optimistas y tener presente imprevistos. En el caso de confirmarse las peores expectativas, el propietario del vehículo estará preparado para abordarlas y se evitará de este modo el caso, tan lamentablemente frecuente, de un clásico más abandonado en piezas y con pocas posibilidades de recuperación. Al entusiasta que decide acometer por sí mismo la mayor parte de la restauración debe contar por ello con las habilidades, los conocimientos y los medios necesarios. Empezando por los últimos: el local de que dispongamos conviene que sea luminoso, seco y aireado (aunque un restaurador entusiasta decidido a todo se arreglará con lo que tenga). Hemos de tener en cuenta que un coche desmontado ocupa sensiblemente más espacio que cuando estaba armado, especialmente si cuenta con bastidor independiente. Disponer de un foso es una ayuda inestimable, si no habrá de suplirse con plataformas de elevación por ejes o de inclinación del vehículo que existen en el mercado. Un bando de trabajo con tornillo, paneles para herramientas y el mejor utillaje posible son elementos también fundamentales. Lo mismo que un cabrestante (hay algunos muy baratos en el mercado) o un equipo hidráulico para extraer el motor y el cambio. Gatos elevadores mecánicos o hidráulicos, tacos o soportes para sostener en horizontal el chasis o todo el vehículo también son útiles, y sobre todo, botes y cajones de madera, cartón o material plástico, en diversas medidas y etiquetas de colgar y adhesivas. Por último nos proveeremos de un cuaderno de notas y de una máquina fotográfica.
Antes de tocar nada, emplearemos esta última, realizando un reportaje fotográfico exhaustivo que incluya todos los ángulos y recovecos posibles del vehículo. Este trabajo inicial tendrá una doble utilidad: orientarnos en la fase de montaje y a la conclusión de la restauración, poder evaluar con las fotos del antes y el después la magnitud del esfuerzo llevado a cabo. La primera norma que hemos de seguir al pie de la letra es: "No desmontar por desmontar". El restaurador principiante suele dejarse llevar por el irreprimible deseo de desmontar para conocer al detalle las entrañas de su coche. Hay que vencer la tentación de despiezar las unidades mecánicas nada más sacarlas del coche. Este paso sólo se hará cuando llegue el momento de tratar cada una de ellas. Es por ello imprescindible fijarse un programa de trabajo concebido desde una perspectiva metódica y cumplirlo rigurosamente. Como orientación, empezaremos desmontando la guarnición exterior de la carrocería (coraza, parachoques, perfiles cromados, faros con sus aros y pilotos, tapacubos, etc.). Se tomará como práctica habitual limpiar cada pieza, envolverla en un plástico y ponerle una etiqueta identificativa, señalando su ubicación cuando pudiera existir duda. Dejar los tornillos, tuercas, arandelas o chavetas puesta en la pieza a la que pertenecen, guardados en un mismo sitio, previa identificación, ya que aunque no vuelvan a utilizarse nos servirán para identificar sus sustitutos. Este procedimiento, con el de las fotografías y las anotaciones del cuaderno, nos facilitará enormemente la tarea de volver a montar el vehículo. Seguidamente abordaremos el interior, sacando la guarnición del techo, portezuelas, suelo y asientos. Todos estos elementos se cubrirán y protegerán, colocándolos en un lugar resguardado hasta que llegue el momento de su instalación y renovación. No debemos tirar la tapicería, aunque esté muy deteriorada, porque si es original nos servirá de modelos para reproducirla. Los marcos interiores de ventanillas, parabrisas y luneta trasera serán los siguientes elementos en desmontar. Hay que tener especial cuidado si son de madera o baquelita, para evitar su rotura. Introducirlos en fundas y guardarlos es el paso siguiente. Después nos ocuparemos de las puertas, desmontándolas completas, con lunas y mecanismos de alza-cristales y apertura, el capó, la tapa del maletero, las aletas (si fueran desmontables) y los estribos (si los hubiera). Como siempre, los identificaremos y los guardaremos con los pernos, presillas, gomas y piezas menores. No es aconsejable en esta fase desmontar el tablero de instrumentos, la radio, la calefacción u otros accesorios, así como extraer el volante y la caña de dirección, puesto que todavía en esta etapa el coche deberá conservar su movilidad en el garage. Dada su fragilidad, su difícil localización y el precio, las lunas han de manejarse con sumo cuidado y se sacarán (con sumo cuidado) cuando vaya a prepararse la chapa de la carrocería, antes de su lijado, emplastecido y pintado. No es ocioso que, en esta etapa de los trabajos todos los terminales de cables se hayan tapado con papel adhesivo marcado con el uso de cado uno. Este es el momento de abordar las unidades mecánicas. Se empieza por sacar el radiador de agua y el de aceite (si lo hubiera), los conductos de ventilación y calefacción y demás accesorios que no forman parte del motor, salvo los que se juzgue oportuno dejar de momento unidos al bastidor. Previamente se habrá enganchado el motor en los puntos adecuados para levantarlo y extraerlo. Habremos previamente previsto el lugar y soporte en que vamos a colocar el motor. A continuación terminaremos de sacar el tubo de escape y los silenciosos, intentando no romperlos, ya que nos servirán más adelante como modelo para los nuevos. Abordaremos después las complicadas tareas de desmontar el árbol de transmisión que nos conduce al grupo trasero, pesado y complicado de sacar. Hay que tener la precaución de asegurar la sujeción de las ballestas o los muelles, recordando la enorme fuerza que poseen. Nos quedará desconectar las canalizaciones hidráulicas o las conexiones mecánicas de los frenos.
Y ya, una vez situado el coche en su lugar definitivo (aunque esperamos que sólo de forma temporal), quitaremos las ruedas y desmontaremos el eje o suspensiones delanteras. Todas estas unidades serán debidamente fotografiadas, identificadas, guardadas en bolsas y acopiadas. Por último, y si el vehículo tiene chasis independiente, es llegado el momento de soltar el bastidor, desconectar el cableado y separar la carrocería dejándola colgada de vigas o travesaños o situándola sobre pilares de madera. Una vez desmontado el coche habremos de abordar el absorbente proceso de restauración de cada unidad constitutiva. Llegada esta fase hay que decidir si se van a utilizar los servicios de especialistas para la reparación de todos o algunos de los elementos mecánicos, motor, cambio, grupo, ya que, salvo los raros casos en que se dispone del material y equipos necesarios, es probable que a la larga sea más rápido y menos oneroso encargar estos trabajos a talleres especializados, a los que en todo caso hay que recurrir para los necesarios trabajos de rectificación, planificado, etc. La tarea ya hecha y la que queda por hacer es apasionante. Y es, sin duda, uno de los alicientes y satisfacciones mayores que reporta la afición a los clásicos. ¿Hay experiencia más grata que poner en marcha, por vez primera, el vehículo recién reconstruido?

Fuente:
elgarage.com
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