TOYOTA : TOYOTA SEVEN
A pesar de su motor twin turbo V8 de cinco litros, el Seven es sólo 10 cm más largo que el Yaris y, si le quitásemos el inmenso alerón trasero, la mitad de alto. Estos datos demuestran que se trata de un coche pequeño, pero su presencia lo convierte en enorme. Fue construido para las series CanAm norteamericanas. Equipados con motores casi dos veces más potentes que el más potente F1 y envueltos en un chasis aerodinámico, estos coches fueron los más emocionantes de su época hasta que se hicieron tan potentes que, en 1974, el organismo regulador restringió el tamaño de sus depósitos de combustible, limitando la potencia que un motor podía producir si quería aguantar toda la carrera. Esto acabó completamente con todo el interés de la CanAm. Sin embargo, a principios de los 70, estas series estaban en pleno apogeo y, después de tres temporadas con motores más pequeños y aspiración normal, Toyota ya estaba preparada para enfrentarse a los grandes, que por esos tiempos no eran otros sino los McLaren. Pero mientras McLaren usaba un motor Chevrolet de 8 litros para obtener los 800 CV necesarios para ser competitivo en la CanAm, el enfoque de Toyota fue bastante más novedoso. Hace más de 30 años, la alimentación turbo estaba en pañales y sus ventajas aún no eran plenamente apreciadas. Usando los gases de escape para mover turbinas que bombeaban aire al motor a una presión mayor que la atmosférica, se obtenía una enorme potencia de un motor con una capacidad relativamente pequeña. Y eso significaba que se podía competir con los McLaren con un motor de sólo cinco litros, y también implicaba un menor peso, menos volumen y una distribución del peso más favorable. La construcción del chasis estaba basada en una estructura montada alrededor del armazón, en lugar de ser monocoque, con el que se obtiene un chasis más rígido y ligero. Pero en los demás aspectos era de lo más avanzado. El motor era el más compacto del mundo en su tamaño, e iba cómodamente colocado detrás del piloto, con sus dos turbos Garrett montados a cada lado de la caja de cinco cambios Aisin. Era conocido como “el Monstruo”. La instrumentación es mínima: sólo el obligatorio cuentarrevoluciones y los indicadores de presión y temperatura. Para ponerlo en marcha hay que activar el interruptor maestro, las bombas de combustible e ignición y luego pulsar el botón de arranque. Los frenos funcionan muy bien considerando la época. La combinación de los neumáticos lisos de 38 cm de grosor con el monstruoso alerón, proporciona unos niveles de agarre inasequibles a cualquier coche de serie. La sensación tranquilizadora de ir pegado al suelo, fruto de la técnica aerodinámica moderna, brilla por su ausencia. Tristemente nadie pudo hacerlo. Cuando estaba siendo preparado para la competición en Japón, sufrió dos horribles accidentes en las pruebas, llevándose la vida dos prometedores jóvenes pilotos. Las causas de los accidentes continúan sin esclarecerse, pero paralizaron el programa. Por más que nunca haya llegado a entrar en carrera, la relevancia del Seven se extiende hasta nuestros días. El hecho de restaurarlo y ponerlo en funcionamiento tres décadas después no es ningún capricho. Su función es mostrarle a la gente de Toyota y al mundo entero que la pasión por el automovilismo está enraizada en la historia de la compañía, que la lleva en la sangre. La restauración de este Seven, uno de los dos únicos coches turbo existentes y el único aún operativo, ha supuesto dos años de trabajo de amor y alrededor de 2000 horas de mano de obra, la mayoría realizadas voluntariamente fuera del horario laboral. El director del proyecto fue Kazufumi Toriya, quien comentó, “El coche fue construido con materiales muy sofisticados, y muchas de las piezas se construyeron desde cero”. “Se usó titanio para los tubos de escape y gran parte de la suspensión. Las llantas, las piezas verticales y las mamparas estaban hechas de magnesio”. Sólo fueron descartadas aquellas piezas que no se podían reparar, pero se conservan la mayor parte de las piezas originales de los 70. Dado su valor incalculable, es increíble que Toyota haya permitido dejarlo correr, pero Toriya afirma: “Era hora de que la gente pudiera verlo en el ambiente para el que fue diseñado: en una pista de carreras”.


Fuente:
elgarage.com
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