Velocidad: y Piloto
He leído varios textos en los que se menciona que pilotos ya desaparecidos habían anunciado su muerte con antelación: querían ir tan rápido que consiguieron alcanzar su futuro.
¿Puede la velocidad dejar de amar al piloto? Sí. Hay pilotos que se dejan querer por la velocidad: aprietan el acelerador, sí, pero no arriesgan y, antes o después, empiezan a darse cuenta de que los 320 Km/h están dejando de quererles y, cuando quieren echar la vista atrás para buscar el problema, se dan cuenta de que ya no hay nada que puedan solucionar.
Son pilotos invariables, predecibles que, de vez en cuando, asoman la cabeza para volver a esconderla en seguida y que, cuando empiezan a bajar de posición, dan un pequeño salto hacia adelante, vuelven a situarse y empiezan a caer de nuevo. Invariablemente, terminan desapareciendo sin pena ni gloria; lo triste es que alguien puso esperanzas en ellos, les dio la oportunidad que todo el mundo merece, pero se la negó a otro... no hay plazas para dar oportunidades a todos.

Y luego están los grandes, los que siempre están en cabeza: sufren el mal de la seguridad aplastante, están soldados al acelerador y su cerebro es un mapa de navegación; la sangre les corre en las venas siguiendo el compás de giro de las ruedas, sentir que están rodando sobre el piano les excita y les empuja a más velocidad hacia la meta, lo que va delante, no es un coche; es un obstáculo fácilmente salvable, tienen el ingenio y la capacidad de fijarse en los detalles hiperdesarrollados y el sentido del tiempo anulado: no hay tiempo, hay kilómetros y vueltas. Y si no les importa el tiempo es porque saben que pueden ir más rápido que él. Sus coches no son coches; son la prolongación de su imaginación: llegan hasta donde ellos puedan imaginar y creer, el que no puede imaginarse en el podio, no sube a él.
Supongo que este es el piloto que todos quieren ser. Supongo que conducir un F1 es volar sobre la realidad y llegar el primero.
Cita de Autosmania.com
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