Peugeot: 406 cupé: Un francés de doble personalidad.
Como Dr. Jekill y Mr. Hyde, el Peugeot 406 tiene dos caras. Mejor dicho, dos almas. Tal vez no la de un médico y un monstruo como los personajes mencionados, pero sí una aburrida y otra excitante. Una que produce sueño y otra, adrenalina. Se puede vivir con ambas y esto es tan sólo un ingrediente más en este auto apasionante. Después de algunos años en el mercado, la versión dos puertas del 406 sigue siendo extremadamente atractiva para la mayoría de las personas. Para 2004, Peugeot le hizo algunos pequeños cambios como para ponerlo al día. No eran necesarios, al menos según nuestra óptica, pero lo mejoraron, hay que reconocerlo. El más fuerte de ellos es la parrilla, que asume la forma de boca grande que tendrán todos los nuevos autos de la casa del león galo. En su esencia, el cupé diseñado por el italiano Pininfarina sigue recabando adjetivos que otros apenas pueden soñar con merecerlos. Sus líneas son armoniosas. Sus proporciones, correctas. No hay un ángulo desde el cual mirar a un 406 cupé resulte una experiencia desafortunada. De hecho, casi quisiéramos un espejo grande delante de nosotros, porque no es justo que el que menos disfrute de su belleza, sea precisamente el que se dejó encantar por ella y pagó los 373 mil pesos que Peugeot de México pide por uno de ellos. Porque por dentro, el 406 es simplemente un auto común. No estamos intentando decir que es malo de una manera delicada, el interior es en general bueno y cumple sus funciones, pero no es tan sobresaliente como su diseño exterior.
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De hecho, tiene algunos problemas. Uno de ellos, probablemente el principal, es el espacio para la cabeza en los asientos delanteros. Un detalle que se acentúa debido al quemacocos. Pero puede ser considerado incluso normal para un dos puertas. Los terminados son buenos, pero nada más. Por el precio que pide Peugeot, hay mejores opciones en el mercado, hablando de calidad de acabados. También hay detalles que muestran la edad del auto. Un ejemplo es el sistema de sonido, que insiste en poner en el tablero espacio para el radio y una casetera, mientras que la caja de CDs queda en la cajuela. Hubo una época en la que no había más opción, pero ahora ya hay tecnología suficiente como para ponerla en el tablero, o al menos en la guantera. Pero hay cosas buenas, claro, como el asiento con memorias y, obviamente, controles eléctricos. Hasta la poco necesaria —para México— calefacción para los sillones delanteros está presentes. Aunque falta una consola central donde descansar el brazo en viajes largos. También están ahí el control de sonido y de crucero en el volante (más bien, detrás de éste); espejo antireflejante; seguros eléctricos; alarma y demás amenidades y detalles de seguridad, como las bolsas de aire, por ejemplo. Atrás, los pasajeros deben ser dos, no tres. Con esta forma está diseñado el asiento y sólo así podrán sentirse a gusto. Bueno, a gusto es un decir, ya que en un auto individualista como éste, el simple hecho de permitir que dos personas más puedan compartir su espacio interior, suena a altruismo casi sin fronteras. La forma de los asientos, de hecho, deja a los más pasados de kilos algo apretados. Es un asiento para pequeños, de edad o de tamaño. Punto final.
La cajuela tiene buen espacio, sin exageraciones. Nadie tampoco espera capacidad para cargar toda la familia, no es un auto para esto. La edad del 406 le confiere algunas ventajas. La mayor de ellas es la madurez en la producción, algo que se consigue con los ajustes que se dan el paso del tiempo. Esto hace que este auto tenga muchos menos ruidos interiores que sus antecedentes. Y esto es muy bienvenido. Al girar la llave, aparece la primera de las dos personalidades del 406. Ponemos la palanca de cambios en D y pisamos el acelerador. El motor se tarda un buen rato en escuchar nuestro pedido y reaccionar ante él. Más aun cuando está frío. Pero el aumento de la temperatura hace poco por esto. El auto sigue lento, mostrando casi nula agilidad, que es totalmente cambiada por una suavidad que, al menos en teoría, el dueño de un cupé no la pide. Aquí, el 406 es lento, aburrido, casi flojo. Pero es también suave y económico. Hay, empero, dos pequeños botones del lado izquierdo de la palanca del cambio. El primero está ahí para hacer que el auto arranque en segunda velocidad, lo que evita patinajes cuando el piso es demasiado resbaloso. Es el segundo, el milagroso, el que llama el “monstruo” que vive escondido en el alma del 406. Con el modo “sport” presionado, el coche cobra vida. El motor se dice listo para cualquier llamado del pedal del gas. El auto pasa a ser rápido, ágil, sabroso, que ayuda a que su magnífica transmisión luzca a plenitud.
En la mayoría de los autos con transmisiones automáticas con modo “deportivo”, esto es casi una mentira. Porque lo que hacen es prolongar el cambio ascendente hacia el límite de las revoluciones del motor y ya. No es el caso del 406. Aquí el motor se comporta de otra manera con la caja de cambios de cuatro velocidades en el modo “sport”. Incluso en cambios descendentes. La caja proporciona hasta freno-motor, algo que se siente algo raro en la ciudad, pero se agradece. Lo interesante es que este cambio fuerte de comportamiento se nota sólo durante la conducción normal urbana, cuando no se puede acelerar a fondo porque hay un cruce, un semáforo o un coche delante de nosotros. Al pisar con toda fuerza para medir el rendimiento en el autódromo, el modo”sport” sólo le hace ganar un par de décimas de segundo. Y el número final del cero a 100 km/h del Peugeot es aún decepcionante para los acostumbrados a torques más generosos: 12.21 segundos.
Claro, usar el modo deportivo del cambio produce un aumento considerable en el consumo de combustible. Pero el que tenga un auto con este diseño, con la firma de Pininfarina en los costados y que cuesta casi 400 mil pesos, debe preferir el desempeño incluso a cambio de un menor ahorro. Nosotros, al menos, así pensamos. Y preferimos el monstruo que habita en el 406, en lugar del demasiado tranquilo médico.
Sergio Oliveira/Autos.com.mx
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