Ratones Alemanes : Ratones Alemanes
Terminada la Segunda Guerra Mundial los países europeos estaban devastados, económicamente y espiritualmente. Sus gobiernos se dieron a la tarea de la reconstrucción poniendo en marcha un aparato productivo que había sido, prácticamente, destruido por las bombas y por el avance de los ejércitos. Aquellas nuevas fábricas necesitaban del trabajo humano para comenzar a producir y uno de los más grandes problemas que se le plantearon a los estrategas de la paz era el del transporte de los ciudadanos a bajo costo. La escasez del petróleo y el alto costo del combustible hacía imposible echar mano a los automóviles de la pre-guerra provistos de grandes motores con el consiguiente alto consumo. A fines de los cuarenta resurge la motocicleta como elemento de transporte personal y a principios de los cincuenta se hace popular una variante de la tradicional moto, la motoneta. Con la gran difusión que había logrado en Italia, Alemania, España y Francia, aquel nuevo medio de transporte comenzó a recibir modificaciones comenzándose a diseñar motonetas para el transporte de mercaderías en las ciudades y pueblos y agregándosele sidecars y remolques para transportar a la familia. Ese "boom" hizo pensar a los industriales que la gente ya estaba en condiciones de comenzar a protagonizar la nueva motorización europea teniendo como base los mismos motores que se utilizaban en la construcción motociclística adaptándolos a un nuevo tipo de vehículo que los acercara al ansiado automóvil personal. Aunque aptos para las motos, aquellos motores serían incapaces de mover un automóvil de concepto tradicional ya que las cilindradas y las potencias logradas no alcanzarían. Los inquietos investigadores se abocaron entonces a la creación de ese tipo de vehículo y para ello recurrieron a quienes habían trabajado durante la guerra en la industria aeronáutica que tenían muy desarrollado el concepto del poco peso en base a materiales y soluciones constructivas muy modernas. Del seguimiento de ese camino se entiende entonces que los primeros "microcars" llevasen marcas que históricamente identificaban a famosos aviones. Heinkel y Messerschmitt fueron los precursores a quienes se plegaron productores de motocicletas como Iso, BMW y Vespa que tenían el "know-how" de la motorización de baja cilindrada. Aquel nuevo concepto del automóvil volcado a la motorización masiva de los países pareció interesante para la república Argentina en 1958 donde el Presidente Arturo Frondizi había instaurado el gobierno democrático luego de la Revolución Libertadora que había derrocado al General Perón en 1955.
Frondizi pensó en la reconstrucción industrial del país en base a una política desarrollista volcando esfuerzos y capitales al fomento de la actividad privada. Uno de los pilares en los que se basó fue la industria automotriz ya que un país tan extendido como la Argentina necesitaba de transporte tanto colectiva como personal. Fue en esos años que se dio comienzo a la motorización argentina partiendo de algunas empresas que ya estaban funcionando como Industrias Kaiser Argentina e Industrias Mecánicas del Estado cuyo origen como productora de automotores se remonta a 1.951. Aquellas tres fábricas producían sólo vehículos de transportes de carga. IKA tenía en su producción el Jeep desde 1956, Autocar producía chasis y automotores de carga livianos con motores SIMCA y Fiat e IME ponía en el mercado, en combinación con Autocar, el famoso y legendario Rastrojero.
En 1959, el Poder Ejecutivo pone en marcha el primer régimen de la Industria Automotriz y es a partir de ese momento en que se comienza a desencadenar sobre nuestro pais una serie de inversiones extranjeras, unas serias y otras fantasiosas, pero que dan como resultado final la creación de miles de nuevas fuentes de trabajo en derredor del automóvil. Entre todas esas compañías extranjeras que se instalan por su cuenta o se asocian con empresarios locales figuraban aquellas que traían de Europa el concepto de "microcar" como vehículo ideal para las condiciones socio-económicas que planteaba un país prácticamente "cerrado" a las novedades del mundo. La primera empresa en ver en este mercado un buen futuro fue Metalmecánica, una sociedad fundada el 27 de octubre de 1943 y que en 1957 ya había importado al país algunas unidades del primitivo Isetta-BMW y había desarrollado un vehículo bautizado como Microcar De Carlo equipado con motor Villiers de 200 cm3 y carrocería abierta de plástico de diseño propio. El nombre del auto se debía a que el presidente de la sociedad era don Salvador De Carlo, un pionero de la industria nacional de autopartes. De Carlo había producido anteriormente las motonetas Paperino, Super Paperino y Dec-100 y partes para motores y motocicletas. Su planta de producción estaba en la localidad de José C. Paz y ocupaba 40.000 metros cuadrados. El Isetta fue un éxito por lo que De Carlo decidió ampliar sus planes y se lanzó a producir, a fines de 1959 y principios de 1960, el De Carlo 600 bajo licencia de B.M.W de Munich. Este automóvil era un desarrollo sobre la idea primitiva del Isetta del cual conservaba sus líneas generales pero de mayor contextura, con una puerta en el frente y una lateral y capacidad para cuatro personas. La compañía siguió produciendo automóviles y lanzó en el 61' el De Carlo 700 e importó el B.M.W 700 Coupé. Simultáneamente con el lanzamiento del Isetta, dos empresas comerciales deciden traer al país los vehículo Heinkel y Messerschmitt, ambos producidos en Alemania por dos compañías de origen aeronáutico. El Heinkel lo trajo Los Cedros S.A que luego armaría localmente las pick-up Studebaker Champ y Super Champ y el Messerschmitt fue importado por Panambí S.A. De estos tres "microcars" de la primera época, el Messerschmitt era el que más llamaba la atención pues, a diferencia del Heinkel y el Isetta-B.M.W, era el único cuyos pasajeros viajaban en tándem y que tenía un diseño típico de cabina de avión de caza y un volante de conducción de inspiración aeronáutica. Tanto el Isetta como el Heinkel, en cambio llevaban a sus pasajeros en un solo asiento transversal y disponían de una pequeña repisa detrás de sus espaldas para ubicar pequeños bultos. Tenían como elemento en común una única puerta delantera que se abría hacia delante. Aunque el Messerschmitt era el más raro y original de los tres precursores no tuvo tanto éxito como los otros dos debido a que estaban prácticamente prohibidos para el mercado femenino pues para ingresar a su cabina los pasajeros debían realizar algunas extrañas maniobras. El extraño aparato, sin embargo, era el más barato de los tres ya que se ofrecía a 98.000 pesos contra los 148.000 del Heinkel y los 152.000 del Isetta-B.M.W. Estos tres precursores de la motorización argentina fueron blanco del ingenio porteño que inmediatamente los bautizaron como "ratones alemanes" debido a sus formas tan particulares y el origen germano de sus marcas. Una creencia generalizada fue que estos autos tenían sólo tres ruedas lo cual era solamente una ilusión óptica de los poco advertidos debido a que las ruedas traseras estaban separadas apenas por 25 cm. En 1959 entran al mercado dos nuevas sociedades que intervendrían en aquel mercado que el Régimen Automotriz reservaba a los autos pequeños para los cuales había dos clases, la A y la B. La empresa Isard Argentina se constituye bajo la presidencia de Natan Catzman para la fabricación de automóviles con licencia de la compañía Hans Glas GMBH de Dingolfing, Alemania. Sin embargo, la información disponible sobre esta compañía indica que el primer Isard T300 fue entregado a su comprador en octubre de 1958, vale decir antes que estuviera constituida. En 1959 se la autoriza a un plan de producción de cinco años y a una radicación de 300 millones de pesos en su planta de San Andrés. Isard produciría hasta el año 63' los modelos T300 y T400 y TS400. Los dos primeros tenían puertas laterales y estaban equipados con los motores bicilíndricos de dos tiempos de 293 cm3 y 392 cm3. El modelo TS400, también tres volúmenes, respondía a un concepto más deportivo por sus líneas de carrocería y tenía el mismo motor del T400. En el mes de septiembre de 1959, la Secretaría de Industria y Minería de la Nación autoriza el plan de producción de la empresa Alcre S.A, de Paraná, para la fabricación de automóviles. En 1960, el Poder Ejecutivo Nacional autoriza la radicación de capitales de las sociedades Ernst Heinkel Aktien Genesellschaft de Stuttgart y de Bellino y Cia. De
Goppingen por un monto total de un millón doscientos mil dólares para iniciar la producción, asociados con Alcre S.A. presidida por Alberto Credidio de dos modelos de automóviles: Alcre Susana 500 y Alcre Luis 700. Estos autos no tuvieron demasiado éxito en el mercado y la compañía los produjo por dos años en pequeñas cantidades.
En medio de esa moda aparecieron en la Argentina otros "microcars". El Bambi y el Fiva. En La Plata se fabricó el Ipam-Leeds un extraño aparato de formas cuadradas propulsado por el multifacético Villiers, y que además era anfibio. Tanto los Isard como los Alcre fueron un estadio superior a los Isetta-B.M.W, Messerschmitt y Heinkel, ya que eran poseedores de la silueta tradicional del automóvil, es decir planteados sobre diseño de tres volúmenes y una puerta a cada lado de la carrocería. Empujados por la industrialización creciente del país que se reflejó en la instalación de empresas como Citroën Argentina con sus 2CV o por el desarrollo de la producción del Fiat 600 y luego del Dauphine de Industrias Kaiser Argentina, los "minicars" desaparecieron del mercado argentino dejando tras de si los testimonios de una época en la que el automóvil comenzaba a ser un elemento que despertaba la avidez de los argentinos.
Fuente:
elgarage.com
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