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Simca 1000 Rallye : La version rallye del ya difundido Simca 1000 (II)

Destacan asimismo en él las atractivas llantas Targa de 5,5 pulgadas, que van calzadas sobre unos neumáticos 175/70, y un espejo retrovisor exterior de tipo comodín, válido para instalar en cualquier coche cuando te ha desaparecido el original.

El número tachado que va adherido sobre ambas puertas delanteras es el que este Simca tenía asignado para su intervención en un rally de regularidad, celebrado la misma semana de la sesión fotográfica, y en el que acabó en el puesto 15º (45 participantes) a pesar del mareo sufrido por el copiloto. Antonio, su dueño actual, lo compró hace tres años con unos 70.000 Km en el marcador y durante este tiempo ha ido buscando piezas nuevas de origen (labor nada fácil) antes de proceder a una restauración a fondo que espera iniciar este mismo año. Para mejorar la salida de gases con respecto al escape original, instaló un OMP de salidas independientes suministrado por la sucursal gerundense de los franceses de GT2I, así como un encendido electrónico de Chrysler 180, otra pareja de faros suplementarios y un bote desgasificador en el circuito de refrigeración.

Se aprecia la ligereza de construcción al abrir la puerta del lado del conductor que, sin llegar a ser tan liviana como la de un Citroën 2CV, corresponde a lo habitual en cualquier utilitario español diseñado a comienzos de los años sesenta. El parabrisas apenas está algo más inclinado que el frontal, y la parte trasera, a pesar del aleroncito de origen, dista mucho de asemejarse a la de los vencedores en las 24 Horas de Le Mans. Si nos fijamos en los cristales laterales, veremos que van en posición muy cercana a la vertical y son lisos, pero ¡ojo!, los bacquets instalados de origen en las plazas delanteras nos avisan de las pretensiones del cochecito. Una vez sentado, se nota que el bacquet sujeta a la perfección a quienes no sobrepasen 1,70 m. de estatura, acompañado en ese cometido por un cinturón de seguridad de los del tipo antiguo, sin mecanismo de inercia.

El salpicadero pintado de color negro mate también deja entrever el enfoque marcadamente deportivo de este Simca, en cuya guantera sin tapa se alojan bastante bien los cronómetros, tripmásters y demás herramientas puestas a disposición del copiloto, así como en una instrumentación completa (sólo falta un cuentakilómetros parcial) pero acabada de forma bastante tosca.

El volante original de aluminio, firmado por Enrico Nardi y con el aro revestido de cuero, tiene unos ideales 36 cm de diámetro, con la pena ya comentada de la pintura negro mate.

El sonido grave que proviene del escape se deja oír nada más arrancar, con el conductor casi pegado a la puerta izquierda y los hombros muy próximos a los del copiloto. Se hace algo raro el pedalier, llevado hacia el centro por un paso de ruedas demasiado avasallador y con el embrague y el freno demasiado altos. El mando del cambio es preciso, a pesar de que el corte que le hizo el primer dueño lo deja algo alejado de su lugar ideal. El motor está caliente, con la aguja clavada en los 80 grados y la presión del aceite fija en los 6 kg/cm2 en cuanto se supera el ralentí, así que preparémonos para gozar. Vamos por una carretera de montaña llena de irregularidades, lo que se percibe en los constantes rebotes de la suspensión y la aparición de innumerables ruiditos de difícil localización. La dirección va de fábula, tanto por precisión como por rapidez y suavidad, mientras que el comportamiento del motor es prodigioso: abajo resulta muy elástico, en la zona central tira con alegría y arriba se crece con sonoro estruendo hasta la zona roja -6.300 rpm- ayudado sin duda por el colector de salidas independientes.

Según se le va tomando la medida, se descubre que se puede pasar mucho más rápido por las curvas, gracias a un eje trasero que, si el asfalto es liso y seco, no se inmuta lo más mínimo y que, si nos encontramos en alguna situación muy comprometida, reacciona con agilidad a base de contravolante. Los frenos, sin asistencia, son más que suficientes, pero obligan a pisar con fuerza si se quiere conseguir el máximo efecto, con el premio de una gran facilidad para dosificar.

En conjunto, el Simca Rallye es muy divertido de conducir, más aún de lo que su apariencia pueda indicar, y resulta tremendamente eficaz en rallyes de regularidad que transcurran por zonas llenas de curvas, sobre todo si tienen buen firme.



Fuente:

http://motor.terra.es

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