Volkswagen Touran 1.9 TDI DSG: El cambio es disuasorio.
El Volkswagen Touran incorpora el novedoso cambio DSG de 6 relaciones, un cambio clásico de piñones pero robotizado y con un embrague multidiscos doble, cuya característica principal es que permite realizar los cambios sin interrupción de la tracción y en centésimas de segundo.
Como monovolumen, el Touran se distingue porque ofrece en opción dos asientos individuales en una tercera fila, al estilo del Opel Zafira. Son escamoteables y el mayor defecto es que obligan a renunciar a la rueda de repuesto.
Para un monovolumen compacto como el Touran, hay algún aspecto descuidado, como la circulación interior, pues no se puede pasar de delante a atrás o viceversa (no hay sitio entre los asientos delanteros para ello); o que el asiento central trasero sea más estrecho que los laterales. En cambio, sí hay reglaje longitudinal. El interior es amplio, con mucha altura y detrás no hay problema de espacio al techo ni a los laterales, poco acampanados.
Un aspecto muy importante en un monovolumen es la facilidad de transformación del interior y aquí hay aspectos a mejorar. Los respaldos se abaten sin dificultad, tanto desde el interior como desde el maletero, con una mano y sin necesidad de desmontar los reposacabezas, pero abatir el asiento entero hacia delante es otro cantar.
Hay que tirar de una lengüeta en la trasera de la banqueta y levantar el asiento (podemos hacerlo con una mano) pero no se bloquea y se nos puede caer encima. Bloquearlo exige liberar una barra y engancharla fijando el asiento, en una operación que requiere usar ambas manos y maña. Peor es desbloquearla, no sólo requiere ambas manos, sino dar un movimiento de vaivén al asiento para liberar la barra de sujeción al tiempo que soltamos el seguro. El lado práctico viene por el estupendo agarrador para sacar los asientos y poder transportarlos sin dificultad. Carece de otras opciones como desplazar los asientos laterales al centro, aunque no es una opción imprescindible pues no hay problema de espacio al lateral.
El maletero brilla a buena altura, con una tapa sólida, consistente, y menos práctica es la cortinilla trasera enrollable, no sólo porque no permita dejar objetos de poco peso encima, sino porque no es cómoda de enrollar desde el asiento trasero. Es amplio y tiene una forma muy aprovechable, con un umbral de carga bajo y sin formar escalón. Con los asientos traseros abatidos no queda un piso de carga plano y las barras de sujeción de los asientos roban mucho espacio a la hora de aprovechar al máximo el maletero.
La iluminación nocturna interior del Touran es de pavor, con el cuadro en color violeta (azul, según VW) y las pantallas multifunción (de caracteres muy pequeños) y todos los mandos de la consola en rojo fosforito. El aspecto es totalmente verbenero. Además de noche no se distinguen los símbolos de los mandos de la climatización, que por una vez y sin que sirva de precedente están bastante bien colocados en la consola, a buena altura, aunque por debajo del equipo de sonido.
El asiento del conductor es muy cómodo, recoge y sujeta muy bien el cuerpo, la posición al volante es sobreelevada, muy sentada y no nos ha gustado nada el reposapiés, queda muy vertical y acaba provocando hormigueos en el pie.
En esta versión Advance, los acabados son claramente superiores a la básica Conceptline, aunque hay detalles que desentonan, como el plástico liso de la tapa de la guantera superior del salpicadero y el de los radios del volante. El tapizado podría ser más cálido y suave al tacto y el guarnecido del techo, siendo de buen material, no termina de estar completamente adherido al techo.
Prueba dinámica:
El cambio DSG se distingue sobre todo por la suavidad subiendo marchas, pues elimina de raíz el típico cabeceo de los cambios robotizados clásicos y sin que tenga nada que envidiar a los automáticos con convertidor hidráulico. También es muy rápido subiendo subiendo marchas en modo automático, no así en secuencial, pues tarda bastante en realizar el cambio desde que se acciona la palanca.
Según Volkswagen, los discos múltiples tienen la misma vida útil estimada del coche, por lo que no necesitan de mantenimiento, aunque el aceite del cambio sí hay que cambiarlo cada 60.000 km.
Frente al motor 1.9 TDI con cambio manual, la velocidad máxima sufre una pérdida de sólo 2 km/h y el consumo aumenta 0,2 litros en el ciclo urbano y es idéntico en el recorrido extraurbano, detalle curioso pues la gestión del cambio en tráfico real cuando se circula en automático tiende a reducir siempre de marcha al más mínimo repecho, cuando hay par de sobra para no hacerlo, como se comprueba si se pasa a manual y se inserta la relación más larga. Estas reducciones suponen una penalización del consumo y sobre todo del confort acústico. Otro inconveniente del cambio DSG es la brusquedad y lentitud en las arrancadas a fondo. No tiene levas en el volante, complemento ideal de un cambio robotizado, que evitaría tener que soltar las manos del volante para cambiar de marcha.
Al ralentí el cambio DSG tiene un pequeño arrastre, que se elimina cuando se pisa el pedal del freno. Asociado al cambio robotizado tenemos un pedal del acelerador con sobregás, de tacto manifiestamente mejorable en esa parte del recorrido.
Otra característica del cambio DSG es que hace un doble embrague en las reducciones, sólo apreciable en manual y a alto régimen. No cambia a marcha superior si el motor cae por debajo de 1.400 rpm y en secuencial estira los cambios hasta 4.400, que son 3.900 en automático. Siempre cambia a una marcha superior al llegar al régimen máximo de giro y al pisar a fondo con sobregás siempre reduce, igual que si vamos muy bajos de vueltas, aunque sea en manual, para preservar la seguridad mecánica y la respuesta del motor.
El motor 1.9 de 105 CV da mucho juego a pesar de que no sobra potencia, el sonido no es criticable ni el tacto, es de los motores TDI de 4 cilindros más suaves del grupo VW, con una sonoridad contenida, discreta, que no se hace molesta excepto por encima de 3.900 rpm y que apenas penaliza acústicamente si hacemos una conducción muy viva. Permite adelantar con bastante soltura, aunque en ocasiones se echa en falta algo más de respuesta para el peso y tamaño del Touran, aguanta muy bien los repechos y se circula bastante ligero con un consumo contenido, se conforma con 6,0 l/100 km en el recorrido por autopista y carretera a velocidades legales. Menos satisfactorio es el ruido de rodadura, algo elevado, y los aerodinámicos empiezan a oírse con claridad por encima de 130 km/h.
El comportamiento del Touran es algo cabezón, tiende siempre a subvirar, especialmente en retención, con un eje trasero muy firme, y en tracción tiene un límite más alto, con el control de estabilidad ESP haciendo mejor su trabajo. Como es norma en el grupo, es un coche muy fácil de conducir aunque no sea ágil.
La calidad de rodadura es notable, un punto por debajo de la del Focus C-Max, con un filtrado estupendo, bachea bien, con un tarado de suspensión blando pero con mucho confort.
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La frenada es buena en términos generales por aplomo y estabilidad, excepto en frenadas de emergencia en curva cerrada, que tiende a balancear algo y obliga a actuar al control de estabilidad. En cambio, en curva en frenadas suaves y medias sin que actúe el ABS el aplomo es perfecto, igual que en recta actuando el ABS, sin el más mínimo movimiento parásito en el volante, que se puede soltar sin que se mueva ni un sólo grado a un lado u otro. La resistencia al calentamiento es buena y el tacto de pedal, firme y dosificable.
La dirección electromecánica del Touran es muy suave en maniobras, tiene mejor tacto que en otras marcas pero no deja de tener su punto débil en las curvas amplias, que requieren poco giro de volante, pues se aprecia el endurecimiento y un tacto algo agarrotado, que le quita la finura que tienen las buenas asistencias hidráulicas de Volkswagen.
Destacar que los 4 neumáticos presentaban un desgaste irregular por los laterales de la banda de rodadura, producto de unas presiones insuficientes.
Fuente: http://www.cochenet.com/
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